Acerca de las rutas, Google Maps y nuestro propio camino
Revuelo causó el estreno de la modalidad de Google Maps que permite ver «las rutas para ciclistas». Las personas reaccionaron optimistas, porque la tecnología les facilitaba la elección de caminos. Todo sería más rápido, fácil y seguro, decían. Mientras, yo solo pensaba: ¿cómo me va a decir una página web o una aplicación por dónde debería ir?
Desde mi óptica, precisamente, la gracia de la bicicleta es que mi cuerpo es su energía, me brinda poder y autonomía, y yo escojo el trayecto. Las decisiones se ajustan de acuerdo a mi perfil como ciclista, al día que se presenta, las actividades que realizaré, mi estado de ánimo y de salud, entre otros factores. Por tanto, no existe tecnología que pueda juntar todas esas variables para definir la mejor ruta para mí.
No obstante, también soy consciente de que mi cuestionamiento a esto tiene relación con las herramientas y conocimientos que he acumulado en el tiempo.
Les he contado a mis aprendices, en los cursos de ciclismo urbano, que cuando era niña viajé, con mi papá, a la Luna y también a las minas del Norte Grande. En la planificación de esos viajes radicaba toda la entretención.
En las mañanas, escogíamos el destino y reuníamos todos los artículos que necesitábamos para la aventura: mapa, lápiz, linterna, chuzo, agua, peluche (obvio), entre otros. Mi padre, yo y todos los elementos reunidos nos metíamos bajo los cobertores de la cama para iniciar el periplo. Con la linterna iluminaba el mapa, identificaba los caminos y trazaba la ruta que seguiríamos, considerando los medios de transporte que se necesitaban. Aprendí que los colores del mapa me hablaban de la presencia de ríos, montañas o desiertos, por ejemplo. Que las líneas rojas marcaban carreteras y que los números señalaban distancias.
El viaje concluía al llegar al destino… Pero lo más importante era el trayecto.
Al crecer, mi tarea como acompañante en el automóvil era buscar en el Plano de Santiago (venía impreso en las Guías Amarillas) la dirección a la que íbamos, para así señalar el camino que debíamos tomar. No era época de celulares ni aplicaciones, éramos analógicos.
Estas experiencias me enseñaron a alistar los preparativos, leer mapas y planos, planificar los viajes y moverme en la ciudad (además de confiar en mí misma). Con los años, he tenido la fortuna de ir a distintas ciudades y países, donde sigo haciendo lo mismo: encontrar una oficina de turismo o un kiosko donde pueda obtener un mapa del lugar. Con calma los leo (interpreto) y estudio para ubicar las principales avenidas y los hitos más importantes.
Claro, soy – y soy hija – de otra generación. El celular lo incorporé tardíamente y sospechando siempre que me podría dejar tirada en cualquier momento (aunque lo uso a diario y me facilita la vida y el trabajo). Sin embargo, siempre trato de potenciar mis conocimientos y mis habilidades, mi sentido de orientación y capacidad de leer la ciudad. No me gustan las aplicaciones ni las modalidades que te señalan por dónde ir, porque siento que nos perdemos la hermosa posibilidad de definir el camino que queremos seguir… En sentido literal y metafórico.
La cartografía es una disciplina que se encarga de la concepción, producción, el estudio, análisis e interpretación de los mapas. La creación de los mapas nos ha permitido conocer y conquistar el espacio. En ellos se imprimen nociones de mundo y, aunque pretendan mostrar las cosas tal como son, también son productos culturales.
La lectura de mapas y planos nos ayuda a descubrir todos esos sentidos, ser personas más críticas y desarrollar mejores herramientas para movernos en la vida, en el amplio sentido.
Creo firmemente que debemos trabajar en la lectura de los mapas y planos, que debemos analizar nuestro perfil como ciclistas y transeúntes, reflexionar acerca de cómo aprendemos y nos movemos, para crear nuestras propias estrategias de movilidad. Debemos escoger nuestras rutas e implementos, encontrar nuestro ritmo y desafiarnos a seguir aprendiendo, para fortalecer nuestra autonomía y ser cada vez más libres.
Con este estudio de autoconocimiento podremos saber lo que necesitamos aprender, tomar decisiones, proyectarnos y trazar la ruta de vida que queremos seguir… Así es como ¡llegaremos a la Luna y por la ruta que escojamos!